domingo, 9 de febrero de 2014

La Inteligencia Emocional aplicada al matrimonio (2ª parte)


Si no leísteis la primera parte de esta entrada, pincha aqui.

Como terminábamos nuestra anterior entrada: estos chicos y chicas que han permanecido desde su infancia “separados” emocionalmente en aspectos relacionados con los sentimientos, su uso y manejo, acaban formando una pareja a la que acuden, en muchos casos, con una gran desigualdad a la hora de afrontar qué les pasa, cómo comunicarlo y cómo resolver las diferencias. 
 


Así es como, por lo general, cuando llegan al matrimonio o a convivir como pareja, la mujer es la que ejerce la tarea de ser la administradora emocional de la pareja. El hombre no suele apreciar tanto la importancia de esta tarea para ayudar a que la relación sobreviva de una manera saludable. Para ella, la intimidad en su sentido más amplio consistirá en hablar, sobre todo de la relación, mientras que para él, la intimidad será hacer cosas juntos. Las mujeres a veces viven una especie de espejismo con respecto a este tema durante el tiempo del noviazgo en el que, por lo general, los hombres están más dispuestos a hablar de la relación.

Ambos formarán un matrimonio en el que ella será más sensible a los problemas, mientras que él tendrá una visión más positiva en la mayoría de los casos. El día a día podrá traer enfrentamientos debidos a las finanzas, el acto amoroso, los vínculos con la familia política, la comunicación entre ellos, o la importancia de determinados defectos…. Nada de eso puede dañar o romper un matrimonio, pero sí lo hará la forma en la que ambos discutan esos temas.

Os queremos hablar de dos hábitos emocionales que dificultarán las cosas y que por lo tanto, se deben evitar, ya que los errores emocionales cometidos en el matrimonio pueden conducir a éste al divorcio real o emocional.


La queja mal formulada
En el día a día de la pareja, es normal que surjan quejas del uno hacia el otro. En una queja, cualquiera de los dos debería definir específicamente qué es lo que le molesta, y criticar una acción determinada y no a su esposo o esposa, y añadir además cómo le hizo sentir lo que hizo (o no hizo).

Sería un error que la crítica se dirija a la persona, y la ataque directamente ignorando el hecho en sí. Es un ataque total y global a la persona más allá de lo ocurrido puntualmente, por lo que la persona que lo escucha se sentirá con facilidad avergonzada, disgustada, o defectuosa, lo que provocará muy probablemente en ella una respuesta defensiva que no ayudará a mejorar las cosas. También puede provocar la ira en la otra persona. Esta es una conducta por tanto que se debe evitar. Los mensajes del tipo “Tú siempre…..” deben ser sustituidos por mensajes del tipo “Cuando tú haces …… yo me siento……”



Las dos variables de la respuesta son el ataque o la huida, y representan las formas en que un cónyuge puede responder a un ataque. Si se decide atacar, la ira les llevará a un combate a gritos. Si se deciden por la huida es probable que ambos decidan optar por el silencio; lo cual puede resultar aún peor. De ahí al bloqueo hay un paso, y este será devastador para la salud de la relación porque anula toda posibilidad de resolver las diferencias.


Pensamientos tóxicos
Son los pensamientos que, como su nombre indica, intoxican la relación. este tipo de pensamientos definen no lo que cada cónyuge dice, sino lo que realmente piensa. Pueden existir conversaciones paralelas –la verbalizada y la muda-,que darán evidencia de sentimientos corrosivos que ponen en peligro la estabilidad de la pareja. Los pensamientos de cada uno serán los que modelen su relación y su intercambio emocional. Es decir, lo que pensemos de nuestra pareja y de nuestra relación, será lo que le pondrá la nota a nuestra relación.

Las suposiciones tóxicas por cualquiera de ellos en cuanto a sentirse víctima inocente del otro, o profundamente indignado por su actitud, se convertirán en pensamientos perturbadores que también se convertirán en autoconfirmadores de tal modo que todo cuanto ocurra que pueda confirmar su punto de vista será registrado, y todo lo que podría contradecirlo será ignorado. Esta actitud provocará la aflicción constante, y frecuentes asaltos emocionales.

Los esposos o las esposas abrumados por la negatividad de su pareja y por las propias reacciones ante ésta, pueden sentirse hundidos por sentimientos espantosos y fuera de control hasta llegar al desbordamiento. Cuando una persona está desbordada no podrá oír sin distorsión, ni responder con lucidez. El problema en un matrimonio comienza cuando uno de los cónyuges se siente desbordado casi constantemente.



Sólo los cónyuges que están libres de estos puntos de vista perturbadores pueden considerar interpretaciones más benignas de lo que está ocurriendo en las mismas situaciones. Esta actitud suavizará la tensión.

Continuará.....



2 comentarios:

Rosa Maria Oliveira del Pino dijo...

Muy bueno los consejos, poniéndolas en práctica tendremos un matrimonio mucho más feliz!

Mara dijo...

debemos leerlo y releerlo ... hay mucho que digerir ... gracias, Goyi.