miércoles, 5 de abril de 2017

Nos olvidéis de la hospitalidad ...


Quizá os parece un poco extraño mi tema: la hospitalidad.


Creo que es un tema poco tratado, pero como a mí me toca muy de cerca, os comparto algunos pensamientos.

La definición de hospitalidad, según Lévinas, es: “ La acogida de aquél diferente a mí. Práctica que requiere el reconocimiento de las necesidades del otro, de su dignidad y su diversidad. La acogida puede considerarse como tal cuando el ser humano es tratado como un fin en sí mismo, y no es cosificado”.

Otra definición es:”Movimiento extático que realiza el anfitrión con respecto al huésped y que tiene como finalidad la superación de los prejuicios, y la recepción y la escucha del otro”.

En el cristianismo, la hospitalidad ha sido una tradición, una ley, una práctica, una costumbre, un deber , un valor moral . En Hebreos 13:2 dice : “ No os olvidéis de la hospitalidad”

Creo que la hospitalidad es algo hermoso, cuando nace de un corazón amoroso y generoso. Nuestro hogar puede ser un oasis y una fuente de paz para personas que están atravesando un mal momento, para personas que en su hogar no experimentan el calor de familia , personas que creen que no significan nada para nadie, personas que se encuentran solas.

La hospitalidad es una oportunidad de demostrar el amor cristiano, donde la persona que llega se puede sentir valorada, aceptada y amada.

-Creo que la forma y las palabras con las que la persona es recibida son muy importantes. El tipo de diálogo que establecemos con la persona le hace percibir si es bien recibida.

-Otro factor, que quizá no parezca importante, pero para mí lo es, es el lugar físico, mi casa. Siempre he dicho que quiero que cuando una persona venga, quiero que se siente a gusto, da igual si es pobre o si es rica. No quiero un hogar ostentoso y lujoso, no , sino un hogar hogareño, práctico y cálido. Quiero un lugar cómodo para todos , sea cual sea su condición social.

-Y otro factor muy importante: el corazón que acoge. Es importante que nuestro corazón esté lleno de amor, un corazón que escucha, comprende y no juzga. Si las personas recibidas perciben un corazón sincero y amoroso, disfrutarán de un tiempo reconfortante y enriquecedor en nuestro hogar.

Recuerdo el hogar de mis padres, que siempre estaba abierto a quien viniera, siempre había sitio para uno más. Es algo que marcó mi vida, y ha hecho que yo también tenga un hogar abierto y disponible para los que vengan. Lo que no quita que a veces no me sienta con muchas ganas de visita, hay días que apetece estar tranquila, pero viene bien recordar las palabras de Jesús “ Lo que habéis hecho a uno de estos pequeños a mí me lo habéis hecho”. Hacemos bien en recordar, que cuando servimos al prójimo, estamos sirviendo a Jesús, y eso cambia radicalmente nuestra actitud.

Mi hogar está bastante concurrido, y creo que , sin darnos cuenta, estamos proporcionando un modelo de familia “normal” a personas que quizá vienen de hogares disfuncionales, quizá han crecido sin padre o madre, quizá de hogares donde las riñas son contínuas…..Se necesitan hogares normales abiertos a los demás , donde reina el amor de Dios, formados por personas imperfectas, pero que se quieren y se perdonan.


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