lunes, 17 de octubre de 2016

¡Y el nido vacío se llena de fiesta!



Mi nido ha empezado ha quedar vacío muy antes de lo que esperaba. Venimos a España para que mi esposo terminara su doctorado y después de dos años al volver a Brasil, nuestro hijo de casi 19 años quiso quedarse. Buscamos entender nuestro hijo, hablarle y no romper los vínculos afectivos. No fue nada fácil, pero nuestro hijo se quedó  aquí en Madrid sin ningún familiar  y volvemos al Brasil con nuestro corazón roto llevando a nuestras gemelas con 17 años. 

Tras un año Carlos tuvo  que volver para presentar su Tesis y  junto ha traído nuestras hijas  que decidieron venir a cursar la Universidad en Madrid. Fue muy duro para nosotros  en sólo dos años quedarnos sin nuestros 3 hijos, lloramos los dos juntos y nada parecía nos consolar.
Siempre hemos criados nuestros hijos intentando ayudarlos a que alzase vuelo, pero uno nunca está preparado quedarse sin los hijos, es lo natural, los amamos tanto que no concebimos más la vida sin tenerlos juntos a nosotros. 
Después de llorar hasta no poder más, (pero nunca cerca de ellos) y hablar con Dios con gemidos, comprendí que debía hacer.

He escrito un listado de todas las cosas que sentía falta de mis hijos y cada ítem de la lista he  agradecido y entregado en las manos del Señor:

Gracias Señor porque a cada mañana yo despertaba mis hijos con alegría y podía ver en sus rostros sus sonrisas y ahora no puedo más verlos cada día. 

Gracias por todos los abrazos y besos que recibía y que les daba y ahora no voy a poder tenerlos diariamente.

Gracias Señor por compartir de sus pequeños secretos a todos esos años, pero que ahora ya no podré tener la exclusividad.

Gracias Señor porque nunca los he merecido, pero Tú me los has regalado y me duele entregarlos. 

Gracias Señor porque ya no podré  poner una tirita en la herida y darles un besito para sanar, ahora necesitarán mucho más do que una tirita y yo no estaré cerca para ayudarles. 

Gracias Señor porque ahora no me quejaré de los  dormitorios desordenados, pero sí me quejaré por quedaren demasiados ordenados.

Gracias Señor porque su amor no posee ataduras como el mío. 

Señor te entrego mis hijos en tus manos son mi bien más precioso, cuídales, ámales, mímales, protéjales ...



Años se pasaron y ahora la fiesta volvió al nido, llegaron los nietos y de verdad ¡son verdaderas dádivas de Dios!  Ahora estamos aprendiendo a ser abuelos y escucharlos llamándote de vovó ( portugués) ¡es lo mejor! ¡No tiene precio! Gracias Señor por secar nuestras lágrimas con algodón de azúcar que son los nietos!