jueves, 15 de septiembre de 2016

"No fue culpa tuya" ... secuelas del abuso




Cada a vez que veo esta escena me estremezco, y sí, hubo un tiempo que ni siquiera la podía mirar y la quitaba, porque era tanto el dolor que yo sentía en mí que no lo podía asumir…. Es un dolor que sale desde lo más profundo de nuestras entrañas….

Pero hoy puedo mirar la escena, hoy puedo saber que ese abrazo me lo dieron un día para fundirme en el amor de Dios, en su ternura, en su perdón y restauración…

Y hoy puedo mirar la escena recordándome, “no fue culpa mía”. No fui yo la responsable, no fue mi hermosa sonrisa, que Dios me dio la que provocó…. No fue mi alegría que provocó deseo en otros, no fue…. Y así podría seguir, porque con cuantas mentiras nos inunda Satanás cada día recordándonos el pasado. 

Si hemos decidido seguir a Cristo, somos hijas de Dios, hemos creído, recibido la salvación, pero estamos atadas al dolor del abuso ¿por qué? Porque en la mayoría de veces no hemos contado a nadie de nuestro abuso, dolor, nos hemos creído durante años todas las mentiras que Satanás ha puesto en nuestra mente herida y como consecuencia hemos tomado hábitos pecaminosos y no los reconocemos ya que somos las víctimas y son defensas erróneas que aplicamos para no sentir el dolor profundo que nos producen.

Así viví por largos años, sirviendo en mi comunidad cristiana, llenando mi vida de actividades, viviendo en una prisión emocional, hasta que me enamoré de mi marido, quien me amaba tal como era, ”sin merecerlo yo” al menos eso es lo que yo creía. Cuando nos casamos dependía absolutamente de él, y por primera vez fui libre para expresar mi dolor y frustración. Eso produjo en mí ataques de ira incontrolables cuando no controlaba las situaciones y no recibía las respuestas de mi marido que necesitaba. El gran error es que no acudía a Dios y mi marido no me podía dar lo que necesitaba, sanidad y restauración a través de amor perfecto y un perdón profundo. 

Dios me dio la promesa de Jeremías 29:11 durante años y yo me agarré a ella como mí respirar diario. Dios en su misericordia me guió a ayudar las personas en el tema de Sanidad interior, donde pude hablar lo que nunca había sacado de mi corazón y aprendí a perdonar, perdonarme y corregir muchos hábitos incorrectos. Entender que no soy culpable y que Dios me ama a pesar de tantas debilidades, que día a día estoy corrigiendo y luchando para que no me dominen. 

Ahora soy Su seguidora y quiero ayudar, para dar de su palabra y consolación, para abrazar a mujeres con los sufrimientos profundos de sus heridas y que puedan recibir el bálsamo de su amor y restauración. Y mi corazón está profundamente agradecido por toda su bondad, paciencia y fidelidad. Dios me da la mano cada día, a pesar de mis fallos y debilidades, siento su fuerza y cada día camino con fe, decidiendo que Él es el que gobierna mi vida, no mi dolor ni mi pecado. Él me da nuevas fuerzas cada día y me da paz profunda para reflejar su gloria a los que me rodean!

Os deseo compartir una reflexión corta pero muy profunda de una amiga que siempre se había rechazado físicamente por el abuso que recibió. Después de trabajar su herida y permitir que Dios la cubriera de su amor, sintió una profunda reconciliación con su propio cuerpo y así lo expresó y me lo compartió:

Reconciliación con mi cuerpo


El cuerpo me lleva, me sostiene, tengo que amarlo y cuidarlo.
Mi cuerpo es hermoso. Es obra de Dios. 

Este cuerpo bonito ha dado a luz a mis hijos, los ha llevado durante nueve meses. Los ha amamantado. 

Les da calor y cobijo, amor y caricias. 
Este cuerpo bonito alegra los ojos de mi esposo, le satisface. Este cuerpo bonito también me satisface a mí.

Mi hermoso cuerpo da calor y cobijo a mis amigos y amigas, les abrazo, les beso.

Este cuerpo bonito canta para Dios, baila para Dios, muestra su belleza porque soy corona de la creación.

Este cuerpo bonito me lleva a todas partes, hace que la gente se fije en mi cabello, en mis ojos, en mis brazos amorosos.

Este cuerpo bonito es un regalo de Dios para mí. Lo diseñó cuidadosamente, el color de mi iris, la forma de mis caderas, el tamaño de mis rizos. Gracias Dios mío por mi cuerpo, no permitas q me olvide que es un cuerpo para bendición.

Deseo, que todas vosotras, las que aún tenéis secretos, heridas sin sacar, que seáis tan valientes como esta amiga que después de muchos años abrió su corazón para dejar entrar el amor profundo de nuestro Padre Celestial y así recibir la restauración y sanidad de nuestro amado Jesús. 

Reconozco que este proceso es doloroso, pero solo en el Dios Todopoderoso lo podemos realizar y conseguir la sanidad. Él nos da nuevas fuerzas cada día. Tiene un ejército de ángeles cuidando de nosotras, nos cubre de paz y nos da entendimiento y nos guía cada día para recibir de su bendición. Él nunca nos deja solas, nos guía a esa persona cercana para que el proceso de la sanidad interior sea más tranquilo y liviano, para que no lloremos solas y compartamos los momentos alegres y los milagros que experimentamos. Cada día es un paso de fe, “Encomiendo al Señor tu camino, tu dolor, tu soledad, etc… confía en Él y Él hará.” Salmo 37:4

Muchas bendiciones y Dios os bendiga profundamente


1 comentario:

Admiradora dijo...

Gracias por su testimonio, que nos lleva a reconocer que solo Dios, puede hacernos sus hijos amados y renovados. 2 cor. 5:17