miércoles, 28 de enero de 2015

Educar adolescentes y no morir en el intento

¡Qué bonito dolor de cabeza!


Parte 3

Esta es nuestra última y tercera entrega para reseñar el libro escrito por la psicóloga Lidia Martín.









En muchos aspectos ha sido muy esclarecedor y clarificador, en cuanto a los posibles mitos o temores o rechazo que podamos mostrar ante esta sorprendente etapa de la adolescencia.


Esta vez vamos a revisar los capítulos de límites y normas y de la construcción de la personalidad.


Nos ponemos en marcha con la primera aclaración que nos ofrece la autora. Los límites han de existir. Los límites han de ser proporcionados y justos. Los límites significan un beneficio y no un perjuicio para el individuo en general y el adolescente en particular. Estas frases las encontramos en la página 134 del citado libro.


Como en las anteriores ocasiones, presentaremos los errores y aciertos década uno de estos dos últimos capítulos.

Granes errores en la aplicación de límites al adolescente


1. No haber empezado a poner límites en edad temprana. De repente, en la adolescencia no podemos hacerlos aparecer, ya que es el inicio de la búsqueda de autonomía del adolescente


2. Arbitrariedad. Normas sin sentido. El efecto será contrario a lo que esperamos.


3. Las normas han de ser pocas, pero bien establecidas.


4. Inconsistencia. Nuestro adolescente se volverá loco si cambiamos de normas permanentemente.


5. Incoherencia. Si queremos que nuestros hijos respeten las normas, nosotros somos los primeros que hemos de cumplirlas.


6. Dejar de poner límites porque el adolescente se enfade.


7. Convertir los límites y su cumplimento en una batalla campal. Si no se cumple lo pactado, debemos conservarnos en tranquilidad, haciéndole recordar el límite establecido, especifiquemos la conducta inadecuada y apliquemos la consecuencia. Esto debe ser innegociable.


8. No poner límites porque no nos vemos fuertes para enfrentarnos a ellos


9. No poner límites porque nuestra autoestima está bajo mínimos


10. No poner límites porque no compartimos los mismos criterios que el otro progenitor


11. No aplicar las consecuencias que habíamos advertido en caso de incumplir la norma.


12. Es un error poner límites a los sentimientos y no a las conductas.


Los grandes aciertos en la aplicación de los límites a adolescente


1.- Dedicar tiempo a los hijos


2.- En la medida de los posible, las reglas y consecuencias deben ser pactadas entre padres e hijos


3.- Saber reconocer el cumplimiento de las normas


4.- Ser proporcionado y justo con las consecuencias que se aplican.


5.- Los chicos pondrán a prueba a sus padres para comprobar hasta dónde pueden llegar. Es en este momento cuando más firmes deben mostrarse los padres.


6.- Combinar cariño y control.


7.- Lo que más influye a nuestros hijos son nuestros actos, nuestras reacciones , la forma en que somos y nos comportamos.


8. Se necesita que los padres sean razonablemente flexibles, según las circunstancias y la edad


9. . Seamos capaces como padres de reconocer nuestros errores.


Ahora nos acercaremos al capítulo de la construcción de la personalidad.


Ayudemos principalmente a que nuestros adolescentes puedan construir una personalidad madura.


Aquí tenemos una serie de señales que nos presenta la autora, las cuales debemos reforzar o intentar que los chicos vayan mostrándola, todas ellas mencionadas y citadas por el psiquiatra Enrique Rojas en su artículo sobre indicadores de la personalidad madura.


1.- Tener un modelo de identidad y poder llegar a ser. Durante su desarrollo buscarán un modelo de referencia.


2.- Conocerse a sí mismo con sus puntos fuertes y sus debilidades.


3.- Equilibrio psicológico entre emoción y racionalidad. Sabemos que será difícil pero no imposible, dado que el adolescente se rige por sus impulsos y emociones.


4.- Buscar tener un proyecto personal. No improvisarlo sobre la marcha.


5.- El planteamiento de la vida deberá ir más allá del hedonismo y la permisividad. Se han despreciado valores firmes y sólidos, como los valores cristianos. Pero recordemos que mejor será tratar a los demás como esperamos que nos traten a nosotros.


6.- El individuo maduro no necesita aparentar algo que no lo es. Si hay unidad entre la persona y la personalidad, el individuo se comportará de manera estable


7.- Tener la capacidad de controlarnos, saber parar. Es decir, autocontrol.


8.- Capacidad de responder por la propia conducta y asumir las consecuencias de sus acciones.


9.- Mostrar compromiso, fidelidad y lealtad hacia las propias decisiones y hacia los demás.


10,. La sexualidad está algo más calmada y no ocupa el primer lugar de la prioridades.


11.- Si algo ha de aprender uno a lo largo de la vida, es flexibilidad y luchar con la tendencia natural del ser humano de volverse cada vez más rígido.


12.- La posibilidad de poder convivir con otros individuos, sin peleas ni discusiones recurrentes


13. Lidia nos menciona una más que es la capacidad de demorar el refuerzo. Eso significa poder esperar y responder a recompensas a medio y largo plazo, no estando sujetos a la satisfacción inmediata.


Por lo tanto y en consecuencia, como nos dice la autora. El objetivo que perseguimos es siempre alcanzar una personalidad madura, con responsabilidad, capacidad de convivencia y equilibrio. El proceso es largo e indeterminado en su duración. Puede y debe, de hecho, durar toda la vida, pero se da en buena parte en la adolescencia, por lo que hemos de cuidad esta etapa sobremanera.


Unas últimas palabras de ánimo. Esta tarea no es imposible, será difícil. Pero no olvidemos que nosotros como padres, adultos de referencia o educadores ya hemos pasado o sufrido esa etapa. Así que por qué no allanamos el camino para que nuestros chicos logren ser unas personas maduras con valores sólidos, sabiendo quiénes son y qué buscan en la vida para sentirse y verse realizados.





Espero que hayan disfrutado de estas reseñas.


Pronto nos volveremos a encontrar por aquí.


Nilda Jacqueline